Hace un mes llegué a España. Hace un mes llegué a Extremadura para ser más exacta. Antes de conocerla un año atrás sólo sabía que era la tierra de los disque conquistadores (Me gustaría saber dónde estaba la casa de Inés de Suárez en Plasencia), que era "pedregosa" según el "Canto General" de Neruda y que en ella se desarrollaba una de mis novelas favoritas de la adolescencia: "Los Santos Inocentes" de Miguel Delibes. Hoy se un poco más, 30 ó 31 días más y lo puedo resumir de la siguiente forma.
1. COSAS QUE ME GUSTAN DE EXTREMADURA
1. La cultura del brasero. La descubrí la vez anterior, cuando al llegar a una casa, a una mesa, me pedían que me cubriera con el grueso mantel parecido al "plush" (no sé cómo se escribe) para comenzar a recibir el calor ascendente, y es que, bajo la mesa, hay una estufa eléctrica o a gas redonda que reparte el abrigo a todos los comensales.Como digo, se llama "brasero" ya que originalmente, como no, se usaba uno de verdad, "de picón", como lo llaman acá.
2. Pagar tragos con monedas. Parece algo sin importancia, pero pedir un ron o un whisky a cambio de monedas fortalece mi espíritu aunque, sacando cuentas, salga lo mismo. Lo malo de esto, de los "copetes" digo, es la mala costumbre del "garrafón", es decir, pasar gato por liebre y llenar las botellas de marca con licor barato. No digo que no se haga en Chile, pero hace años que no frecuento tales lugares. Aquí al parecer, y me refiero a la Extremadura profunda, si eso ya no es una redundancia, es más transversal.
3. El jamón, las aceitunas, el zumo (jugo) de naranjas natural natural y en general los vegetales. Todo riquísimo y asequible y más cuando vienen de la huerta de mis suegros, conocida entre mis amigos como la "finca Chernobyl", por el tamaño que alcanzan sus productos. ¡Ah! Y freír como si nada con aceite de oliva...Un lujo.
4. Este azul invierno. Pese a que en cuanto llegué me atacaron sin cuartel todos los bicharracos peninsulares, desconociendo mi extranjera anatomía y tumbándome en cama una semana entera, el invierno me ha recibido lleno de días azules y soleados imposibles en Conce en junio-julio (imposibles incluso en agosto-septiembre). De pronto extraño los días grises, pero sólo en teoría. Se que si se pone a llover sucumbiría a la depresión climática que poseo y que esa añoranza del invierno real tiene que ver más con la nostalgia de la infancia, de recordar tardes empapada camino a casa de la escuela, pisando los charcos para ver cuán lejos salpicaba el agua y para llegar finalmente donde estaría la estufa caliente, esperando secarme y donde mi mamá tendría la muda de ropa ya tiesa de calor que al contacto con la piel me devolvería a la vida desde el mismo espinazo. Luego ver la tele comiendo hallullas con mantequilla, quitando primero la parte blanda del pan y siguiendo con la corteza, bien tostada.
2.COSAS QUE NO ME GUSTAN DE EXTREMADURA
1. Las ventanas pequeñas. No sé qué hay contra los ventanales, no sé si el problema es mío, pero para mi entre más grande el vidrio mejor. Si va a haber sol, que llegue entero, si va a llover ver todo el espectáculo, y si no quiero cerrar el visillo o la cortina, pero acá sólo hay ventanas pequeñas y por lo general no se usa ni visillos ni cortinas de género que, como suele decir Gonzalo "visten" una habitación, sino que se utilizan cortinas metálicas o de PVC exteriores que la gente suele abrir muy poco. Es como vivir en una ciudad de vampiros, la gente apenas abre estas cortinas que desde dentro se van abriendo o cerrando a voluntad. Yo por supuesto las abro completamente. Bastante tengo con la tacañez al respecto de los arquitectos como para no subir por completo las cortinas.
2. Ciertas cosas que tienen que ver con la alimentación del cuerpo y el espíritu como el vino, la cerveza, la mantequilla, la ausencia de "pan francés" y hallullas y de stevia o al menos sucralosa. Aquí todavía se usa la sacarina. Este fue uno de los primeros hechos que me sorprendió fuertemente. sacarina, con ciclamato y aspartamo. Aquellos componentes que ya parecen de nostalgia ochentera en Chile acá están en pleno vigor y cuando pregunté por stevia o al menos sucralosa fue como si hubiera preguntado por plutonio. Finalmente encontré una stevia más concentrada y con más sabor a hoja ( y mucho más cara) en un herbolario y con los amigos de Víctor mirándome poco menos como si hubiera comprado perejil para endulzar mi café que, por supuesto, no es Juan Valdéz.
3. Esa vida de pueblo que no tiene nada de malo pero que no esperaba encontrar en una capital de provincia como Cáceres. Ejemplo: El contratar WI FI (que acá se dice "güifi" y no "guaifai"). Recuerdo cuando puse cable/internet con Telefónica o VTR, en el día ya tenía todo instalado y funcionando. Pues aquí no. Aquí se toman su tiempo. 10 días tardó la internet para que finalmente la tuviera que instalar YO, porque no viene un socito a instalártela, no. Te mandan el "kit" por correo certificado y ahí como te las arreglas. Lo bueno sí es que están todas las instalaciones hechas. Digamos que el "hardware" es óptimo, el "software" es el que cojea un poco. Esto es válido para muchas cosas por acá.
3. COSAS CURIOSAS DE EXTREMADURA.
En realidad cosas que me parecen curiosas a mi porque acá, obviamente, es de lo más normal y yo soy la excéntrica que hace las cosas al revés.
1. Tomar café calentado en el microondas en vasos de vidrio aunque quemen. ¡Por Dios si para eso se inventaron las tazas con asas!, suelo pensar, pero acá el vaso de vidrio es la regla general. Menos mal que yo me traje mi tazón de Marvin el marciano y que en casa de mis suegros ya me tienen un tazón y no me miran tan raro cuando hiervo agua en una ollita, lo que me demuestra su cariño más de lo que pueden imaginar.
2. Esto lo he visto común en todas las ciudades españolas que he visitado. Los bares atestados en la barra con gente de pie. ¿Por qué voy a ir a un sitio a estar en segunda fila de una barra si puedo estar en una mesa sentada haciendo lo mismo? Bueno así es la cosa aquí, mucha gente en la barra, gente de todas las edades, eso me encanta, con mucha basura, servilletas usadas, cáscaras de "pipas" en el suelo. Eso ya no me gusta, pero el ritmo es ágil y los garzones pocos.
Eso es más o menos, lo demás acostumbrarse a las películas dobladas, a los garabatos endémicos de "cagarse" en cuanto ha sido creado, a las chicas y no tan chicas con shorts en invierno (que claro, está soleado, pero no es primavera). Por lo pronto ya sobreviví a mi primera matanza de cerdos, nochebuena-navidad, nochevieja-añonuevo (aunque no pude con las uvas) y reyes con relativa suerte. Incluso gané 120 euros en la lotería de navidad, un rito muy curioso que tiene a unos niños cantando toda la mañana sonidos monocordes indicando números y premios y que la gente lo sigue ¡por horas! Como sea, incluso sobreviví a la llegada del PP al gobierno, pero esa es otra historia...